¿Por qué decidí escribir una colección de Cuentos Inclusivos?

Actualizado: sep 19



Luego de haber trabajado como docente en una organización civil que apoya a personas adultas con discapacidad intelectual y motrices asociadas, me conecté con una realidad que me era completamente ajena.

Lamentablemente la mayoría de las personas que se involucran y se sensibilizan con el tema de la discapacidad es por motivo de que les afecta en el plano personal o familiar.

¡Esto no debería ser así! Es un asunto de todos.

En mi caso fue el camino de mi profesión la que me llevó a conocer más sobre esa realidad y aprender a abordarla correctamente, desterrando mitos, ampliando mi visión y reconociendo el valor y dignidad de las personas.

Una vez de vuelta en las aulas de educación "común", como se las llama en nuestro país, sentí la necesidad de compartir mis "pequeños grandes" alumnos esa visión de la discapacidad que yo había logrado y que tanto me había enriquecido.

Quería contribuir en la lucha por el reconocimiento de sus derechos, la valoración de su dignidad y además compartir todo lo que las personas con discapacidad podían hacer y me habían enseñado. Porque lo más importante para mí era hacer saber que ellos no son individuos que solo necesitan de ayuda sino que pueden, quieren y es preciso que ayuden al resto de la humanidad a comprender que esto es un tema de todos. Además de reconciliarnos con nuestras propias limitaciones que tanto nos negamos a visualizar.

Salí entonces a buscar un material adecuado para abordar con los niños y niñas la discapacidad desde una visión centrada en la persona. No lo encontré o el que encontré lo sentí muy lejano.

Puse manos a la obra y comencé a redactar yo esos cuentos, creando relatos a partir de personas reales que me habían enseñado al respecto, pero en un contexto de ficción. Fue así que nacieron: Anuchi, Diego, Martín y Oscar. Niños como mis alumnos en relatos donde distintas personas con discapacidad les enseñan cosas muy importantes y nutren sus vidas, desde lo que sí pueden hacer, dejando a un lado lo que no pueden. Porque en definitiva todos tenemos cosas que no podemos hacer y no nos gusta que nos lo señalen todo el tiempo.

En mis cuentos inclusivos creé una sociedad ideal donde la inclusión era un hecho. La problemática o argumento de cada relato no gira entorno a lo que las personas con discapacidad no pueden hacer, eso ya lo sabemos todos y no hace falta señalarlo más. Se centra entonces en la vida de un niño o niña que necesita resolver una situación donde el héroe es esa persona que tiene tanto para dar más allá de su discapacidad.

Decidí embarcarme en este proyecto de literatura infantil con el convencimiento de que si naturalizamos tempranamente el hecho dignificamos a las personas construyendo una sociedad más solidaria e inclusiva. Nadie tiene que ver o sentir esta realidad como ajena o extraña, porque es la realidad de todos, de una manera u otra todos tenemos una limitación ya sea en menor o mayor manera perceptible.

La discapacidad es más un problema social que un desafío individual. Es la sociedad en su conjunto la que tiene la limitación de incluir aquello que parece diferente o carente de alguna capacidad determinada. Si como comunidad comenzamos a naturalizar el hecho siendo solidarios y verdaderamente sensibles podremos hacer un gran cambio.

La inclusión es posible cuando valoramos la realidad de las personas con discapacidad y las integramos sin más a todas las expresiones culturales.


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